2 de marzo de 2011

Mi duda es un mar, sin corriente que me acerque, ni viento que marque un rumbo, ni una mano compañera. Estoy sola a la deriva, sin timón, sin bandera, imagino con que vuelva a buscar lo que ha olvidado, o quizás vuelva por mí, y yo le digo de una vez lo que tanto tiempo espere, desde la primer palabra que oí hasta la primera noche que la deseé, pero el siempre se va, y todo lo que tengo que decir queda solo en un rincón olvidado, y duele, sangra, no deja marcas, es un suplicio. Si al menos me escuchara por solo dos segundos, luego que gire su cara, sería para mi un gran alivio, no luchar, más saber que estoy perdida.

Inspiraciones.